hospice buen samaritano
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Quiénes Somos:

quienes somos

El Hospice Buen Samaritano es una organización cuya misión es brindar gratuitamente cuidado humanizado, integral y profesional a personas de escasos recursos económicos que atraviesan enfermedades graves y avanzadas.

Día a día, fallecen personas en soledad, con gran sufrimiento y sin la contención ni los cuidados médicos necesarios. HBS busca dar una respuesta concreta a un problema que se experimenta en el ámbito de la salud en nuestro país.

Sabemos que hay mucho para cuidar, aliviar y acompañar aun en instancias muy avanzadas de una enfermedad. Somos una asociación sin fines de lucro y el cuidado que se brinda es totalmente gratuito.
 
Estamos convencidos  que para ello deben atenderse con profesionalismo y compasión los aspectos  físicos, espirituales y psicológicos de la persona enferma y su familia.
 
Queremos recibir con el clima de un hogar a quienes por su enfermedad necesiten  ser escuchados y asesorados. Brindamos asistencia profesional y/o alojamiento en nuestra casa, según la condición de la persona enferma. Nuestros huéspedes y sus familias reciben acompañamiento espiritual a cargo de la Sociedad San Juan (SSJ). Para más información esta entidad, por favor ingrese aquí

MISIÓN

Brindar cuidado integral a pacientes terminales sin recursos y sus familias, promover la humanización de la salud y acercar a todos el mensaje de Jesús.

VISIÓN

El Hospice Buen Samaritano se propone acompañar y cuidar, competente y compasivamente, a quienes atraviesan el final de su vida, prolongando y actualizando la misión de Jesús, Buen Samaritano.

VALORES

CONFIANZA EN DIOS
AMOR MISERICORDIOSO
CELO APOSTÓLICO
ALEGRÍA
EXCELENCIA
HUMILDAD

Rezamos para ser un Hospice que, confiando en Dios, sirva a los pacientes con amor; y que, siguiendo el ejemplo de Jesús, Buen Samaritano, trabaje con humildad, irradie alegría y desarrolle sus tareas con excelencia.

SIGUIENDO A JESUS, BUEN SAMARITANO. (artículo)

“Se levantó un legista, y dijo para ponerlo a prueba: “Maestro, que he de hacer para tener en herencia la vida eterna?”. El le dijo: “¿Qué está escrito en la Ley? Respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma,  con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”. Díjole entonces: “Bien has respondido, has eso y vivirás”. 

Pero  queriendo justificarse, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi Prójimo?” Jesús respondió:“Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que después de despojarlo y golpearlo, se fueron dejándolo medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verlo, dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a el, y al verlo tuvo compasión: y acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándolo sobre su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de el. Al día siguiente, sacando dos denarios se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y si gastas algo más te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Quién de estos hombres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores? Él dijo: “El que practicó la misericordia con él”. Díjole Jesús: “Vete y haz tu lo mismo”. (Lc 10,25).   

Camino de Jericó, camino de la vida. ¿Cuántas veces se repite cada día esta historia?

En cualquier parte del mundo,  tan deshumanizado y falto de acciones solidarias al igual que en la parábola, una multitud de personas está en el camino de la vida, sin fuerzas, desilusionada, desesperanzada, golpeada, maltratada, marginada, sin recursos, enferma, en crisis, sin paz. 

Muchos pasan de largo, apartan los ojos. Pero muchos no; se detienen para ofrecer su disponibilidad y ofrecer su ayuda concreta. Cada día, miles de “hospederos” modernos intentan remediar tanta necesidad, dolor y sufrimiento. 

Camino de Jerusalén a Jericó, camino de la vida de ayer, hoy y de mañana, en el que todos somos heridos y necesitamos un Buen Samaritano; en el que todos debemos ser buenos samaritanos que busquemos a los heridos  del camino de la vida.

Del libro “Cuando visites a un enfermo” del P. Mateo Bautista  

En la parábola del Buen Samaritano, Jesús nos ha dejado la imagen de cómo se debe amar.

Él mismo, en el transcurso de su misión entre los hombres mostró una predilección especial por los enfermos. La mayor parte de sus milagros están dirigidos hacia ellos. Sus gestos de poner barro en los ojos del ciego, de mojar con saliva la lengua del sordomudo o de curar a los leprosos manifiestan su profundo amor por los enfermos.  

Jesús es sensible a la totalidad del hombre, y sus intervenciones tienden a restablecer la salud en el pleno significado de la palabra. A veces cura el cuerpo, a veces el espíritu; a veces cura con sus palabras, a veces con sus manos; otras cura con su perdón o con su mirada… Toda su vida es un “generar salud”. Su presencia en cualquier vida es “terapéutica”. Sanar es su forma de amar, “He venido para que tengan vida y vida en abundancia”. (Jn 10,10). 

Con este  relato Jesús  nos enseña a ponernos en el camino del que nos necesita, del que necesita a Dios para ser continuadores de su acción y nos pide como al Buen Samaritano:  

* Presencia: “Llegó junto a él”, acercarse y regalar hospitalidad, escucha y tiempo;

* Compasión: “Tuvo compasión”, padecer con quien padece, ponernos en su lugar para despertar nuestra sensibilidad y oración;

* Acción y creatividad: “Lo vendó.., lo montó,.. lo llevó,... lo cuidó...”, hacerse hermano, comprometerse. 

 “Porque os he dado ejemplo para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” (Jn 13,15). 

 

 


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